Las ganas de salir a la calle en un día lluvioso y respirar la humedad que te llena entera por dentro de agua, eran inmensas; un agua muy parecida a la que vi caer por mis mejillas dias antes. Había estado tanto tiempo esperando este dia. Tenía aquel paragüas amarillo guardado en el cajon, muerto; y yo muerta también por la impaciencia de oir ya una de esas tormentas primaverales; una que pueda arrastrar esta sequia a un lugar donde ya no la pueda encontrar nunca más.Y por fin llegó.
Salí y me cubri del frio de las corrientes invernales que ya se marchan junto con la sequía. Los pocos rayos de sol que puenden asomarse entre las nubes, chocan con mi paragüas y causan un efecto luminoso tan brillante y amarillo... yo diria que era parecido al sol, sí, mi sol. Y aqui me encuentro, bajo la lluvia, parada, porque no tengo a donde ir. Saco la mano para notar la lluvia acariaciandome, no como la del pasado otoño, no, ni fría ni violenta, no se me clava en la piel ni me duele; esta es como un susurro continuo pero leve. Pasaría horas bajo esa lluvia, pero sin embargo prefiero mi paragüas amarillo, él, que me da luz y me protege y me ayuda a saber que no soy como las demás... y nunca lo sere...
eres la mejor:)
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