miércoles, 27 de junio de 2012

Spoiler: Nunca fuiste el título, solo una nota a lápiz en el margen

Te escribo. Parece imposible que lo esté haciendo. Seguramente nunca habría imaginado que, en un día como hoy, estuviese haciendo esto.
Son ya tres meses, y aunque te veo e irradias felicidad y fuerza, todavía no te escribo con tinta.

Tú me enseñaste que nada es permanente, y que, con frecuencia, las cosas pueden cambiar de muy buenas a muy malas. En parvulario me enseñaron a utilizar el lápiz, y ahora lo recuerdo como si mamá fuera una de esas gomitas de colores que te ponían para que colocases bien los dedos. Nunca pretendió que te olvidáramos, sino que nos ayudó a ver que esos cambios en la vida, como en la escritura, no siempre son malos… hay que saber llevarlos.

Yo creo que tú siempre fuiste el lápiz: voluble, variable.
La abuela siempre fue la goma: siempre intentó borrar los errores para que nuestra nota en caligrafía fuese un poco mejor.
Mi hermano —sí, tu hijo— para mí fue como un boli. Sabía que, hiciera lo que hiciera, él nunca se iba a ir. Podías intentar taparlo, sí, pero rascando el papel, al final siempre saldría a la luz…

Me gustaría poder escribirte con uno de esos bolis con gomitas de colores que hacen que sean más cómodos, y contar con una goma siempre para borrar esos restos del pasado lápiz tan horrible.

Me gustaría que fueras un rotulador permanente, de esos bien grandes que sirven para todo, y escribir un "GRACIAS PAPÁ" en grande como título.
Y aunque parece algo imposible, sé que algún día, con el tiempo, podrás ser uno de esos rotuladores finitos pero duraderos.

No sé si es algo prepotente decir que yo sería el estuche, y que os llevaría siempre a todas partes.
Pero un estuche vacío solo es un trozo de tela.
Así es como me siento: siempre estaréis vosotros en mi corazón, y si no, tan solo sería polvo.

Ojalá mi deseo se haga realidad y pueda estar, por fin, orgullosa de ti, papá.
Te quiero.

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